“Caperucita sólo tiene dieciséis
primaveras sin flores, papá le dice: "Ven.
Caperucita eres joven y tienes que aprender
a ocuparte de la casa, que serás una mujer.
Para que seas buena esposa
y no envejezcas sola,
en la cama y la cocina has de saber
alegrar a tu marido y cuidar a cada hijo,
que te atrapa tu destino,
que has de ser madre y esposa".
Y la pobre Caperucita llora.”
Caperucita. Ismael Serrano
Pintamos, o vendemos según cómo
se mire, un mundo utópico de igualdad en el que el acceso, la formación y la
exigencia es la misma para ambos sexos. Pese a esto siguen existiendo conceptos educativos de base que influyen
en el desarrollo de nuestras características personales y colectivas que,
consecuentemente, repercuten en la elección de nuestro futuro. Como comentamos hace unas semanas en clase si nos basamos
en la población universitaria se observa que siguen existiendo carreras que las
que frecuencia de un sexo predomina frente al otro; Estudios universitarios en
los que la mayoría son mujeres, como nuestra disciplina, y de hombres como pueden ser las ingenierías.
Normalmente estas elecciones se
realizan de manera independiente pero resulta curiosa tal disparidad de género.
Es por esto que consideramos que la influencia del contexto en el que se ha
desarrollado la educación sigue teniendo una visión tradicional en la que, por
ejemplo, la mujer se encarga del cuidado de otros (disciplinas sociosanitarias) y el
hombre cargos de poder (disciplinas centradas tecnología y economía).
En nuestra sociedad, quizás hoy
en día no se considere “políticamente correcto” la exclusión de una mujer por
cuestión de género. Sin embargo, indirectamente se siguen desarrollando discursos
que no promueven la igualdad, afectando al acceso a empleos o a la remuneración
por cuestiones de género.
Esta es la opinión de un pequeño
grupo por eso desde aquí queremos animaros a plantearos una reflexión acerca de
las cuestiones sociales, contextuales y educativas, ¿Realmente somos libres en
la toma de decisiones?


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